El día que descubrí el placer de aprovechar el tibio sol de la mañana para la lectura, placer que me define y aun me acompaña, fue gracias a mi impuntual asistencia al colegio y a un autor sudamericano de nombre Mario Benedetti. Tras haber llegado tarde a mi primera clase me perdí entre los libros de una librería y, al azar, tome uno llamado Despistes y franquezas de un autor para mi aun desconocido.
El sol en su hora mas generosa, donde todo lo ilumina sin acalorar el cuerpo hacía mas diáfana la pequeña plaza, que desértica ya comenzaba a pintar olor a grano recién molido. Entretanto retire el celofán que hacia las veces de protector del libro blanco, que olí y leí durante cuatro horas, leí y leí y lo que leía no hacia otra cosa mas que gustarme, tristemente, hoy ya no recuerdo nada de lo que decía, solo recuerdo los aromas, los colores, el silencio de la plaza y la inconmensurable sensación de vida y vitalidad que aquel de nombre Mario me ofreció a las 8 de la mañana de aquel ya lejano día.
Del paradero del libro no se… se perdió en la historia de mi vida, se que llegaron otros, y que a su forma, como aquel, me cambiaron. Del autor, me acabo de enterar que ha muerto, que jamás volverá a escribir una palabra en la pagina de ningún libro, se también que le agradezco por los dos dones otorgados.
“Después de todo
la muerte es solo
un síntoma
de que hubo vida”
Mario Benedetti.
¡¡¡MISMO SOL PARA TODOS!!!
Escrito por Saltimbanqui 